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3 de julio de 2025

El impacto de la sobreestimulación y la importancia del juego en el desarrollo infantil en el Perú

Autor: Caritas Graciosas, miembro de Copera Infancia

En el Perú, la sobreestimulación infantil ha comenzado a encender alarmas debido al uso excesivo de dispositivos electrónicos, la saturación de actividades extracurriculares y la creciente presión por el rendimiento académico desde edades tempranas. 

Según el Ministerio de Salud del Perú, cerca del 65% de los niños entre 6 y 12 años están expuestos a niveles altos de estímulos digitales, lo que puede afectar su salud emocional y su proceso de aprendizaje. Esta realidad se traduce en consecuencias tangibles: muchos niños enfrentan ansiedad, dificultades para concentrarse, alteraciones en el sueño, y un incremento en los trastornos de atención. 

En un país donde existen limitaciones en la disponibilidad de espacios adecuados para la infancia, la exposición constante a la pantalla termina acentuando una situación que podría evitarse. 

Frente a este panorama, es necesario recordar que el juego no solo es una actividad recreativa, sino un derecho fundamental consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño. Jugar permite a los niños aprender, crear, imaginar, resolver problemas, relacionarse con los demás y expresar sus emociones. En el contexto peruano, estudios han demostrado que aquellos menores que tienen acceso a regular actividades lúdicas desarrollan habilidades cognitivas y socioemocionales con mayor solidez. El juego, especialmente el juego libre, no estructurado y en contacto con otros niños, se convierte así en un componente esencial del desarrollo infantil.

Sin embargo, la realidad del acceso a espacios públicos de juego en el país es limitada. La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 9 m2 de áreas verdes por habitante para un desarrollo urbano sostenible, pero en el Perú, pocas ciudades como Lima, Arequipa y Tacna superan los 3 m2. Además, solo el 34,3% de las municipalidades informaron haber administrado al menos un local con fines recreativos o culturales en 2017. Esta brecha entre lo ideal y lo real pone en evidencia la necesidad urgente de políticas públicas que prioricen la infancia, especialmente en lo que respecta al acceso a entornos seguros, verdes y estimulantes. Iniciativas como el Proyecto Ludoparque se vuelven cada vez más necesarias para garantizar espacios de juego dignos en todo el país.

En casa, los padres también pueden asumir un rol clave en el cuidado del entorno emocional de sus hijos; limitar el tiempo frente a pantallas, fomentar el juego creativo, establecer rutinas equilibradas, compartir tiempo lúdico en familia y evitar la saturación de estímulos en el hogar son acciones sencillas que pueden tener un impacto profundo. Estas prácticas no solo promueven el bienestar emocional y la concentración, sino que también fortalecen los vínculos afectivos y brindan a los niños un entorno más saludable y propicio para su crecimiento.

El desarrollo integral de la infancia en el Perú, necesita encontrar un equilibrio entre los estímulos que reciben los niños y las oportunidades que se les brinda para jugar y ser niños. La colaboración entre familias, comunidades y autoridades es crucial para construir entornos más humanos, accesibles y respetuosos de los derechos de la niñez, donde la salud emocional, el aprendizaje y la felicidad puedan florecer de manera natural.

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